Estoy acostumbrada a que mis vacaciones supongan una experiencia diferente y esta Semana Santa no iba a ser menos. En un principio me planteé dedicar los días de fiesta a hacer turismo por este país con tantos encantos naturales, pero todo estaba carísimo en esa fecha!! y claro con el presupuesto mensual tan ajustadito que tengo…pues como que no. Así que opté por quedarme en la capital tranquilita y hacer excursiones diarias a la playita.
Pero claro, aquí todo cambia cada segundo, hoy es blanco y mañana es negro…así que en el último momento me propusieron pasar la Semana Santa en el campo de refugiados que tienen los Jesuitas en Puerto Príncipe. Of course, no me lo pensé y dije SI!!, pero como ya he dicho, aquí se cambia de opinión como de camisa y en el último minuto me dijeron que lo de Puerto Príncipe no podía ser pero que existía la posibilidad de viajar hasta Jimaní (pueblo fronterizo con Haiti del que ya os he hablado) y apoyar la labor que se estaba haciendo allí con las comunidades de inmigrantes haitianos.
Como ya he comentado anteriormente, Jimaní está más allá del fin del mundo y no tiene de nada…y no es que este muy lejos (serán como 300 y pico kilómetros), pero teniendo en cuenta que la carretera está llena de curvas y de agujeros sin fondo que tienes que ir esquivando y que hay que atravesar todos los pueblos que están en el camino…son mas de 5 horas de camino.
Jimaní está en una zona muy pobre, por aquí se dice que la zona Sur del país es la más pobre. Un pueblecito pequeño en medio del monte, cuya vida gira en torno a la frontera que lo separa de Haiti que se encuentra a pocos kilómetros de distancia. Antes del terremoto las comunidades haitianas que vivían en la zona ya eran muy numerosas, pero a partir de la tragedia este número se ha visto incrementado. Por ello todas las agencias internacionales y ONGs están estableciendo sus centros de operaciones de cara a Haiti en Jimaní.
Nosotros durante nuestra estancia allí nos dedicamos a hablar con las diferentes comunidades de haitianos con la idea de hacer un estudio acerca de la situación en la que se encuentran y en qué medida se han visto afectados por la tragedia.
Puerto Príncipe se encuentra a poco más de una hora en coche de Jimaní, así que aprovechando que estábamos tan cerca no nos resistimos a cruzar la frontera. Sólo estuvimos unas horas en Haiti, pero por todo lo visto y acontecido me sirvieron para darme cuenta de la magnitud de todo aquello
En primer lugar, yo llevé el coche (una camioneta Pick Up enorme) desde Jimaní hasta Puerto Príncipe, por esas carreteras de dios en las que el tráfico es una locura y sin carnet de conducir, que estaba muy “mono” en Santo Domingo guardadito en un cajón. Para empezar, el cruce de la frontera es una absoluta locura. Todo el mundo quiere aprovechar para sacarte dinero a cambio de los correspondientes permisos. Cuando por fin consigues que te den el “dichoso” papelito te quedan como 3 horas de espera para encontrar algún huequecito por el que colarte entre los millones de camiones que cruzan la frontera llevando ayuda.

Después de toda esta lucha llegamos a Puerto Príncipe, sin incidentes y gracias a un mapita que nos hicieron a mano, (porque ninguno de los que viajábamos teníamos ni idea de cómo llegar). Por la camino empiezas a darte cuenta de lo súper poblado que está el país, de la pobreza que hay y de los pocos recursos económicos y materiales de que disponen. A pesar de ser la misma isla, la parte dominicana es verde y la tierra transmite vida, pero justo un kilómetro más al oeste en la parte haitiana todos los montes están secos y desforestados. A lo largo del camino, en los diferentes pueblos, se han instalado campos de refugiados donde se atiende a los miles de heridos por la tragedia. Preguntas a los organizadores de los campamentos y nadie es capaz de responderte cuanto tiempo permanecerán esas personas allí, ni que será de sus vidas.


Cuando llegamos a Puerto Príncipe nos dirigimos al noviciado Jesuita y desde allí un novicio nos llevó a conocer todo el centro de la ciudad (donde las consecuencias del terremoto son más devastadoras).
Intento buscar las palabras correctas para describir todo aquello, pero no las encuentro. Una ciudad entera sumida en el más absoluto caos, sin ley, ni gobierno, literalmente “la ley de la selva”.
Toda la ciudad se ha visto afectada en mayor o menor medida. Hay casas que son puro escombro (en las que la gente sigue buscando bajo las piedras) y justo la casa de al lado quedó en pie. A pesar de ello todo el mundo vive en la calle, hay un pánico horrible a dormir en las casas por miedo a que se vengan abajo, porque hasta la mejor casa ha sufrido daños. Cualquier lugar es bueno para instalar una tela que se sirva de refugio o en el mejor de los casos una tienda campaña. Todos los parques, solares, o grandes espacios vacios se han convertido en enormes campamentos de refugiados. La gente agudiza el ingenio al máximo para buscarse la vida como puede.


Un ejemplo de ello fue que paseando en coche por la ciudad tuvimos un choque con otro coche (menos mal que no conducía yo). Allí se lio lo más grande…la culpa fue del otro, pero en 0,2 se nos echó toda la ciudad encima del coche reclamando que teníamos que pagar (y no precisamente poco) por los daños ocasionados en el otro coche, y que casualidad resulta que todos eran amigos, vecinos, primos…del otro conductor y todos querían su poquito de dinero por ayudarlo en la causa. Estuvimos como media hora metidos en el coche esperando a que viniera el Jesuita a sacarnos de allí. En ese tiempo pasaron como tres coches de policía y…¿alguien piensa que se pararon?, nada!! Al final llegó el cura y pagó religiosamente lo que nos pidieron. Según ellos el que da paga y como no pagues…
En definitiva Haiti actualmente es un mero recuerdo oculto bajo los escombros. No hay Estado, las instituciones principales (ministerios, escuelas, hospitales…) han desaparecido, gran parte de la población está mutilada, y en sus miradas se refleja la impotencia por la vida de sufrimiento sin fin que les ha tocado vivir, una capital viviendo bajo telas, rezando para que la sequía que actualmente azota estas tierras dure indefinidamente, porque cuando diga de llover…